Para comprender por qué es tan relevante el rol que juega el líder en cualquier equipo, necesitamos entender el impacto que el ejemplo, la influencia y en último término la imitación, tienen sobre nuestro aprendizaje y comportamiento a largo de la vida.
Desde la niñez, necesitamos modelos a seguir en un mundo al que llegamos con un cerebro sin información sobre su funcionamiento. Por este motivo, es tan importante el entorno en el que se educa a los niños y los modelos que se escogen como referencia, ya que en gran medida está en juego su personalidad y lo que serán como adultos. Basta con ver el comportamiento de un grupo de niños mientras practica deporte para darse cuenta de la importancia que los ejemplos externos tienen sobre cómo se comportan. Cada uno quiere ser como el jugador con el que más se siente identificado.
Al llegar a la edad adulta, las referencias externas siguen siendo fundamentales para explicar cierto tipo de conductas, de tal manera que la ejemplaridad tiende a influirnos de manera positiva y el mal ejemplo de manera negativa. Por esta razón, es clave que las personas que lideran los diferentes ámbitos de la sociedad (política, empresa, educación, etc.), transmitan valores positivos mediante su comportamiento. También que actúen de acuerdo con unos principios que creamos justos y que beneficien al conjunto.
Sin embargo, el mal ejemplo está muy presente en nuestras vidas. En este sentido, podemos encontrar personas que dirigen equipos siendo un ejemplo negativo aunque no sean conscientes de ello, simplemente entienden que motivar a los demás va de hablar mal, faltar el respeto o culpar y actúan en consecuencia. Otro grupo está formado por individuos que ponen sus intereses por delante de los del colectivo. En este caso, no pretenden hacer daño a nadie de forma directa aunque lo hagan de forma indirecta, sencillamente hacen lo que creen oportuno para beneficiarse de su posición de liderazgo sin reflexionar sobre el perjuicio que puedan ocasionar al equipo. Por último, existe el grupo de aquellos que hablan de las bondades humanas y exigen conductas ejemplares a los demás mientras ellos hacen el mal basándose en la mentira, el engaño y la inmoralidad.
Siempre he pensado que la mejor forma de ser un buen ejemplo, no es criticando a los que se comportan con deshonestidad mientras nos quedamos con los brazos cruzados, sino actuando con convencimiento y determinación para difundir la ejemplaridad positiva. Para lo cual, deberemos tener muy presente los siguientes principios:
1 – El mensaje que se comunica mediante la palabra y el que se transmite a través de la acción tienen que reforzarse mutuamente y basarse en valores moralmente beneficiosos. De nada sirve difundir las virtudes humanas más nobles mediante un discurso convincente, si el comportamiento del líder muestra a un individuo que no es digno de confianza.
2 – La actitud decidida y entusiasta del líder, debe demostrar que su intención es superar las adversidades y conseguir resultados positivos para el equipo. Esta actitud también tiene que servir para demostrar su nivel de compromiso e implicación con el equipo.
3 – El líder ejemplar tiene que estar dispuesto a sacrificarse por los demás y asumir sus responsabilidades a pesar de las consecuencias. Descargar sobre el equipo los malos resultados es una tentación poderosa que únicamente el líder auténtico y comprometido es capaz de superar.
4 – El buen líder también debe mostrar su autenticidad y su cercanía con el equipo expresando sus emociones, inquietudes y certezas. Demostrar que no se tiene miedo a decir lo que se piensa o siente, es un signo de fortaleza interior que suele inspirar a los demás a comportarse con naturalidad.
5 – Por último, liderar siendo un buen ejemplo significa entender que el liderazgo no es un fin en sí mismo que únicamente puede proporcionar ventajas personales, sino que es un medio para mejorar a los demás y preparar al equipo para lograr sus objetivos. Sin duda, el líder puede beneficiarse de su labor, pero no como una meta que se busca de inicio, sino como un resultado del trabajo bien hecho.
En definitiva, la ejemplaridad implica superar las tentaciones asociadas al mal ejemplo y trabajar con determinación para ser una fuente de inspiración, objetivo que, aunque no sea fácil de conseguir, nos convertirá en personas dignas de confianza y respeto, bases necesarias para influir positivamente.
