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Ilusión Monetaria

“Para comprender el funcionamiento de las economías y cómo podemos gestionarlas para prosperar, debemos prestar atención a los patrones de pensamiento que influyen en las ideas y los sentimientos de las personas, es decir, sus espíritus animales. Solamente podremos llegar a comprender con certeza los acontecimientos económicos relevantes si sabemos enfrentarnos con el hecho de que sus causas son principalmente de carácter mental”.

Akerlof y Shiller (2009:17)

Con esta sugerente introducción comienza el libro ´”Espíritus Animales” de los premios novel George A. Akerlof y Robert J. Shiller. A pesar de tratar la crisis financiera que se inicia a finales de 2007 y cobra especial virulencia en septiembre de 2008 cuando se produce la quiebra de Lehman Brothers, la obra está plenamente vigente ya que también analiza las causas no cuantificables que provocan las crisis económicas y financieras.

La confianza, la equidad, la corrupción, la ilusión monetaria y las historias que explican el tipo de decisiones económicas que se toman en un determinado contexto, son estas causas y tienen la doble peculiaridad de tener un origen irracional y ser difícilmente medibles, hechos que han provocado su exclusión de la teoría económica tradicional y de los modelos econométricos que se utilizan para prever el comportamiento de la economía en su conjunto.

En el año 2009, intenté dar una explicación razonada del origen de la crisis económica y financiera que se había iniciado a finales de 2007 basándome en una de las facetas de los espíritus animales, la “ilusión monetaria” (ver artículo más abajo). Esta explicación considero que sigue estando de actualidad debido a que en su momento describió ciertos comportamientos de euforia que en el caso español condujeron a una doble recesión, un déficit público elevado, un rescate de una parte muy significativa del sistema financiero, un endeudamiento público que sigue creciendo en términos absolutos y una tasa de desempleo que en la actualidad se encuentra en torno al 20%. Tampoco conviene ignorar la posibilidad real de que puedan producirse situaciones similares en el futuro, como de hecho ya ha ocurrido en el pasado (ej: la crisis del 29).

Artículo publicado en el Periódico de Extremadura el 15 de febrero de 2009 con el nombre “Ilusión Monetaria” (autor: Diego Peña).

Desde el punto de vista de la teoría económica, ilusión monetaria(1) se define como aquella situación en la cual un agente económico “reacciona ante las variables nominales (incluida la tasa de inflación), aun cuando no haya tenido lugar ningún cambio en su situación real” (2) o incluso pueda haber empeorado. Supongamos que un trabajador gana 20.000 € líquidos(3) en el año 1 y tiene un subida nominal del 3% para el año 2, pasará a ganar 20.600 € líquidos, pero si durante ése mismo año se produce una inflación digamos del 5%, realmente habrá ganado 19.619,05 € ya que habrá que descontar la subida de los precios del incremento salarial, y averiguar así su poder adquisitivo real. Evidentemente a principios del año 2 pensará que es más rico que el año anterior, pero al final se dará cuenta de que la situación es bien distinta. Extrapolemos el término a nuestra economía, y entendamos mejor que ocurre en la actualidad.

En el caso español, la ingente cantidad de dinero que ha inundado el mercado desde el año 2000 hasta mediados de 2007 ha derivado en una situación en la cual familias, empresas y administraciones públicas han tenido la percepción espacial y temporal de una riqueza ilusoria. ¿Por qué ilusoria? Porque una parte importante del crecimiento de los últimos años ha tenido un claro factor especulativo y de sobreendeudamiento, por lo tanto, ajeno a los fundamentos económicos (renta real, equilibrio entre ahorro e inversión…). El comportamiento observado podría resumirse como sigue: Las familias (no todas pero sí las suficientes como para que el impacto sobre el mercado haya sido lo suficientemente significativo), dejaron de tomar decisiones de consumo e inversión en base a su capacidad adquisitiva real, y pasaron a hacerlo en base a un acceso al endeudamiento rápido y fácil, y a unas expectativas de crecimiento del valor de los bienes inmuebles exacerbadamente optimistas. Un dato esclarecedor de la ilusión vivida, es que mientras el acceso a la vivienda medido en función de los sueldos anuales que hay que destinar a su compra, se acercaba a terrenos prohibitivos (7 años completos), el número de viviendas iniciadas por año duplicaba las necesidades reales de mercado – sólo en 2006 y mientras el precio medio del m2 crecía más de un 10%, se iniciaban en España más de 800.000 viviendas – (precios muy elevados con enormes cantidades de oferta de un producto producen situaciones insostenibles a medio y largo plazo), como los precios de las inmuebles subían muy por encima de los salarios, ese propio crecimiento, el enorme número de compra – ventas anuales y el fácil acceso al crédito permitía seguir inundando el mercado de euros a la vez que hacía cada vez más real la percepción de que cada día se era más rico.

En el caso de muchas empresas, el importante crecimiento “extra” de la demanda interna (vía impacto de la inversión en construcción residencial y la inmigración principalmente), y el fácil acceso al crédito, las permitía tener comportamientos muy rentables a c/p pero poco productivos a l/p, consolidando un modelo empresarial poco innovador, poco competitivo y muy endeudado (la escasa aportación del sector privado a la inversión en I+D+i, podría venir explicada en parte por esa expectativa de demanda interna creciente e infinita).

Por último, las administraciones públicas también cometieron errores de percepción cuando creyendo que las asignaciones presupuestarias siempre serían al alza, ya que la recaudación tributaria tendría un comportamiento positivo o de ajuste moderado, con esa expectativa se crearon costosas prestaciones de servicios públicos que serán difíciles de financiar si no cambia el modelo económico español.

Por lo tanto, el exceso de liquidez de los últimos años y los comportamientos anteriormente descritos, se transformaron en una ilusión monetaria que nos permitió creer que éramos más ricos de lo que realmente éramos, cuando lo que realmente estábamos haciendo en gran medida, era endeudarnos por encima de nuestras posibilidades, en definitiva, nos ocurrió lo mismo que al trabajador del ejemplo descrito con anterioridad, ya que pensó que tenía mayor poder adquisitivo del que realmente disponía. Ahora nos toca aprender para mejorar.

Notas:

(1) En el caso del artículo, el término “ilusión monetaria” se utiliza para describir el comportamiento al que induce el hecho de únicamente fijarse en el incremento del valor nominal de ciertos activos (ej.: inversión inmobiliaria) sin tener en cuanto la inflación asociada a los mismos o el nivel de endeudamiento requerido para su adquisición.

(2) Mochón (2006:129).

(3) En este caso el término líquido y neto es equivalente y hace referencia al importe real que percibe el trabajador.

Referencias:

  • Akerlof, G.A. & Shiller, R.J. (2009). Animal Spirits. Barcelona: Gestión 2000.
  • Mochón, F (2006). Principios de Macroeconomía. Madrid: McGraw-Hill.

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